13/10/08

Concentracion contra las redadas racistas

Concentracion contra las redadas racistas

Hola Sinfronteriz@s

EL PROXIMO LUNES 13 DE OCTUBRE, A LAS 19h EN PLAZA LAVAPIES, CONCENTRACION CONTRA LAS REDADAS RACISTAS QUE DESDE HACE YA ALGUN TIEMPO ESTÁN ATORMENTANDO EL BARRIO.

ESCUCHA LA CONVOCATORIA AQUI Y AQUI.

Y SI QUIERES LEER EL TESTIMONIO DE UNA VECINA DEL BARRIO,

HAZLO AQUI,

EN LA PAGINA DEL FERROCARRIL CLANDESTINO

O EN LA DE BARRIOS SIN FRONTERAS

Relato de una vecina

Nueva razia en el barrio de Lavapiés

| publicado 7 de octubre de 2008 |

Lunes por la tarde. Cruzo la plaza de Lavapiés. Voy pensando en comprar fruta para la reunión de una de las organizaciones sociales que se ubican en el barrio. Hace buen día, algunos habituales charlan en los bancos, los niños juegan en el parquecito, otros pasean…todos ellos cercados por un amplio destacamento de policía nacional y municipal. Otra vez. ‘Control rutinario de documentación’. Otra redada. Otra razia. La plaza se llena de policía. Tienen a un grupo de migrantes en hilera de espaldas contra una pared, están pidiendo los papeles.

Me paro con un grupo de latinoamericanos a los que acaban de pedir la documentación. « Por qué no van a por los que hacen algo de verdad », dice uno. Otra mujer indignada comenta: « Yo acabo de salir de trabajar…y en la pared, es humillante ».

Tienen documentación y ya han sido identificados, pero se quedan al lado de los que esperan en la hilera. Con la indignación parada en el sitio. Otras personas miran lo que pasa de lejos. Otra redada y, otra vez, la rabia y la impotencia de no ser capaces de hacer nada.

No llego a incorporarme a la reunión. Ya hay alguna vecina más mirando. Me uno a algunos compañeros y amigos. Somos pocos y no sabemos qué hacer. Lo mínimo, que al menos se sientan observados. Nos ponemos enfrente. Les pedimos además los nombres de los que están separando de la hilera y metiendo en una furgoneta Ducato, para que las redes de apoyo a migrantes del barrio puedan hacer seguimiento de su situación. « Estamos trabajando, después hablamos con ustedes », nos dice uno de los que parece estar ‘coordinando’ la operación, walkie en mano y vestido ‘de paisano’. Es decir, que no nos van a dar la lista. Uno de ellos rompe el papel donde una compañera iba apuntar los nombres y la matrícula de la furgoneta.

Tampoco nos dejan estar en la calzada. Se encaran contra un chico que ha hecho una foto con el móvil. Sube la tensión y se oye el primer grito: « Ningún ser humano es ilegal ». Comenzamos a gritarles mientras siguen pidiendo papeles, aunque sabemos que han puesto multas por escándalo en casos similares. Pero ahora empezamos a dejar de ser un grupo reducido. Rueda de llamadas y la gente de la plaza que reacciona al grito de « no son delincuentes, son nuestros vecinos ». Debemos ser unos 50. A un lado de la policía, blancos, al otro, negros. La más simple de las segregaciones. « Esto se parece a la Alemania nazi », se oye. Se están poniendo nerviosos. Hace un rato que se ha marchado la furgoneta y uno de los coches con la gente que han detenido. No sabemos cuántos tenían dentro y cuántos se llevan, quizás 20 ó 30. « Ningún vecino, desaparecido », volvemos a gritar. Algunos migrantes recién identificados y otros que pasan por allí se sienten respaldados y se unen, senegaleses, marroquíes, bangladesíes, con el enorme riesgo que supone la situación para ellos. « Sólo son inmigrantes, dejadlos en paz », exclama uno. Echamos de menos algún objeto con el que poder hacer más ruido. Sólo los cuerpos, los silbidos, las palmadas, los gritos. Y somos cada vez más.

Unos niños se encaraman al banco que la policía tiene justo delante y les gritan: « ¡Fuera, fuera! ». Todo el mundo les chilla que se vayan. Ahora están esperando a que vengan más coches para poder llevarse a otro grupo. Somos cerca de 200 personas. Llegan más coches de policía, más motos, se llevan a más personas. La multitud grita « ¡libertad, libertad…! » a los coches de policía y se va acercando a ellos. Se intenta impedir que se lleven a los últimos detenidos poniéndonos delante de los vehículos. Empujones. La policía agrede a varias personas. Se responde con más gritos, y golpes a los coches, alguien escupe al cristal de uno de ellos. « Ningún vecino desaparecido ». La gente ha salido a los balcones y la plaza es un hervidero. « Fuera la polícia de nuestros barrios », se clama. También se señala a los que van de secreta y a los coches que quedan, uno a uno. La gente les insulta, les persigue mientras se retiran. Gritamos contra cada uno de ellos hasta que van abandonando la plaza. Nos comentan que en el tumulto un chaval ha logrado escapar. Salen más coches y motos de policía. Son muchos, no sé de dónde han salido tantos. Nosotras también somos muchas y, por un momento, nos sentimos fuertes. Sale el último coche de la plaza y un aplauso rompe sobre todos.

Creemos que hay de 20 a 30 personas detenidas, los que se han llevado en la furgoneta y un chico que han detenido en Embajadores y que parece que puede estar encerrado hasta el miércoles.

Hoy hemos dado un paso adelante ante el acoso policial constante a la población migrante del barrio. Algunos lo habían hecho ya en solitario o en pequeños grupos. Pero hoy fuimos muchos. Hoy la policía supo que no puede actuar con total impunidad ante la mirada frustrada de los vecinos, supo que no vamos a normalizar el atropello sistemático. Hoy les miramos juntos, les gritamos juntos, les señalamos, les echamos de la plaza. Hoy no pasamos de largo, como quien va a comprar fruta.

Una vecina de Lavapiés.

El pasado lunes 6 de octubre, hacia las 19h, una macroredada policial como otras a las que venimos siendo acostumbrad@s desde hace ya un tiempo, se saldó con treinta personas desaparecidas por no tener papeles y una más detenida por mostrar su rechazo a tan habitual como desmesurada e injusta actuación policial. Ni la redada ni las detenciones son nuevas, más bien al contrario, llevan tiempo siendo habituales bajo una aparente e inquietante normalidad.

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Lunes por la tarde. Cruzo la plaza de Lavapiés. Voy pensando en comprar

fruta. Hace buen día, algunos habituales charlan en los bancos, los

niños juegan en el parquecito, otros pasean…todos ellos cercados por un

amplio destacamento de policía nacional (había municipal también, no?.

Otra vez. ‘Control rutinario de documentación’. Otra redada. Otra razia.

La plaza se llena de policía. Tienen a un grupo de migrantes en hilera de

espaldas contra una pared, están pidiendo los papeles.

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Los abusos de poder y las agresiones de los que hacen gala los agentes de la policía no son algo nuevo en el barrio. Para entender este tipo de comportamientos y esa presencia policial desmesurada en nuestras calles, hemos de recurrir a múltiples factores. Está, sobre todo, el recrudecimiento de la ley de extranjería y, de su mano, una interesada política del miedo que convierte todo lo extranjero en potencialmente peligroso; está, también, una rehabilitación más interesada en favorecer objetivos especulativos y en atraer a nuevos habitantes de rentas más altas, que en hacer un barrio más vivible par todos; están, así mismo, una reordenación arquitectónica y unas condiciones de movilidad (el exceso de coches y la falta de plazas, parques y espacios de encuentro en general) que favorecen el aislamiento de los vecinos y la falta de comunicación. Y en el punt de mira de la sospecha policial estamos, en mayor o menor medida, casi todos los que habitamos Lavapiés. pero quieres más estan soportando, y con gran diferencia, el control y la violencia policial son, por supuesto, los ciudadanos y ciudadanas de origen extranjero, tanto más perseguidos y criminalizados cuanto más les delaten sus rasgos.

Extracto del comunicado « contra el racismo y su violencia » que convocaba a una concentración tras una carga polical en la plaza de Lavapiés que se saldó con tres jovenes apaleados y detenidos en Marzo de 2006