16/12/07

La Vibra

Manu Chao Una radio de caos y esperanza

‘La Vibra’ sorprendió al francoespañol de paso por Argentina y charló con él del mundo, el dinero, las guerras, el ‘mainstream’, la música y otros tópicos que se escuchan en su nuevo CD

Valeria Agis

[Especial para La Vibra]

13 de diciembre de 2007

BUENOS AIRES, Argentina.- Manu Chao tiene cara de dormido. Es relativamente temprano en la mañana, y esos ojos oscuros y almendrados, dueños de la expresividad de su mirada, parecieran querer esconderse bajo los párpados y evitar todo contacto con la luz. Amable como siempre, el francoespañol se excusa de la mejor manera: « Estuvimos ayer a la noche tocando en un club de por ahí, y bueno, se alargó la cosa… », dice, echándole la culpa del desvelo a su fiel compañera, la música.

La experiencia indica que es prácticamente imposible que este pequeño hombrecito pueda arribar a algún lugar del mundo en plan puramente promocional, eso que tantos y tantos de sus colegas hacen cuando llegan a un país: aparecer en televisión, dar conferencias de prensa, salir en unas cuantas revistas, y dejar al público con las ganas de escuchar canciones en vivo. Manu simplemente no puede. Es que viaja acompañado de una estructura tan funcional que resulta envidiable: aunque casi no lleva equipaje -dice- siempre aparece a su lado alguna guitarra semidesvencijada pero que suena digna, algún que otro amigo que le hace percusión con lo que encuentre a su paso, dueños de bares perdidos que le abren las puertas para montar allí sus improvisados y fenomenales espectáculos.

Por eso, lo que era casi una visita de incógnita a la Argentina (entre otras cosas para seguir colaborando en el filme Maradona, que desde hace años lleva adelante el cineasta Emir Kusturica y para el que Manu aportará la banda de sonido), se transformó en un ramillete de pequeñas presentaciones sorpresivas que hasta incluyó tocar en vivo un par de temas con la banda local Los Piojos, en el estadio Luna Park, ante unos 30 mil ojos estupefactos con su presencia. « Me gusta pasar a saludar amigos », apunta. « Y si hay fiesta y escenario, mejor todavía ».

Pero esas mínimas apariciones no son suficientes para calmar la constante sed que el cantautor peregrino tiene de Latinoamérica. « Espero que el año que viene toquemos más en América Latina. Para 2008 seguro que estaremos por aquí, tocando, ya con un show bien montado y todo eso. Es que no veo la hora », señala, antes de que la charla se introduzca de lleno en los detalles, pormenores y senderos musicales de su último disco, La radiolina.

« ¿Cuál es el concepto del álbum…? No sé bien qué decir », arroja el verborrágico músico al que, evidentemente, le cuestan las definiciones. « Espero que la gente lo encuentre y después me lo explique a mí. La radiolina es lo que entró en la mochila de viaje de los últimos años, lo que vinimos tocando espontáneamente con Radio Bemba y quedó registrado finalmente. A nivel musical tiene más guitarras, diría yo, algo que es bastante obvio; por la razón muy simple de que estuvimos mucho de gira y las guitarras siempre son fáciles de tener a mano. Pero, igualmente, creo que soy la persona más subjetiva para dar esta respuesta. Lo mejor será ir descubriéndolo de a poco ».

El « de a poco » es como un mantra que a diario se repite Manu y con el que contagia a la gente que vive/trabaja/viaja a su lado. En el vertiginoso presente, las agendas son para el ex Mano Negra un instrumento difícil de usar. El planeamiento, las proyecciones, las estrategias, son maniobras ajenas a su carrera y a sus rutinas.

« Cada día es un día y vamos avanzando así. Trabajando mucho, conociendo gente, relacionándonos y ampliando una red de personas con la cual después colaboramos y nos entreayudamos (sic). Eso es lo interesante para mí de viajar. La planificación es a muy corto plazo, porque para nosotros es muy difícil determinar ahora lo que pueden ser las necesidades, las urgencias o las ganas de lo que querramos hacer de aquí a 10 meses o a un año. Yo, realmente, tengo planeado de aquí a enero, o febrero como máximo. No puedo ir mucho más adelante, porque no me funciona así. Voy construyendo lo que está delante mío. Además, qué sentido tendría planear a largo plazo, si este mundo va tan rápido y pueden pasar tantas cosas que, con un gran planeamiento de por medio, corres el riesgo de quedar completamente obsoleto ».

Otro punto apasionante de esa suerte de filosofía que bien podría llamarse « La vida según Manu Chao » es el manejo del dinero. Nada más alejado del tradicional hábitat de un rockstar que él. Manu ha dicho en incontables oportunidades que le gustan sus tenis viejos porque son más cómodos que cualquier modelo nuevo; que pocas veces renueva su guardarropa de camisas frescas y pantalones cortos, y que lo que gana lo invierte en sus viajes y proyectos porque no necesita más que eso.

« Lo más negativo de la plata es cuando uno no la tiene. Si la hay, lo positivo que puede tener ese bicho, que al final siempre es como un diablo, es que te permite tener tiempo libre, trabajar y hacer cosas sin tener que preocuparte por si tienes para vivir al día siguiente. También puedes colaborar en cosas diversas sin que se plantee el problema de cobrar. Eso es lo más positivo; te da libertad para defender tus ideas. Cuando quieres hacer cosas que no entran en el mainstream de cómo se maneja el mundo hoy en día, nunca encontrarás a nadie que te facilite llevarlas a cabo. En cambio, si lo puedes hacer tú mismo, es maravilloso. Si tienes la plata, puedes inventártela, digamos ».

Pese a que lo nombre, el mainstream es otro de los términos no incluidos en el particular « Diccionario Manu Chao ». No obstante, con La radiolina, el parisino logró captar -demasiado, podría decirse- la atención de la primera división de la industria discográfica, a tal punto que en noviembre pasado, la Academia Latina de la Grabación lo premió con un Grammy Latino a la Mejor Canción Alternativa por su tema Me llaman calle.

« Yo escribí esa canción para las trabajadoras de las calles de Madrid. Y sigo dedicándola a la gente que vive en la calle, en cualquier lugar del mundo. Parece que es una letra que gusta, porque se ha ganado varios premios en varias partes del mundo [entre ellos un Goya, por su inclusión en el filme Princesas]. Pero para mí sigue siendo una canción bien popular, y el sentido sigue siendo el mismo ».

En la portada de este último disco, Manu aparece parado sobre algún paraje soleado pero inhóspito, y a sus pies florece la pregunta « ¿y ahora qué? », que lo acompaña como una reflexión sin respuestas claras a lo largo de todo el álbum. Precisamente, a pocos meses de la salida de estas flamantes canciones, su dueño sigue con ese mismo cuestionamiento dando feroces vueltas en su cabeza.

« ¿Y ahora qué? », se autopregunta. « Pues debatir, y más que debatir, poner en acción esas miles de respuestas que tendremos. Rápidamente hay que experimentar las soluciones posibles para darnos cuenta de cuáles son las más efectivas. Hay que pensar en términos de eficacia hoy en día, sin perder tiempo, a ver cómo le dejamos este mundo a nuestros hijos ».

Esa sensación de tiempo que corre y se escurre como agua de las manos, mientras la tensión en el mundo sigue su paso desenfrenado, se explicita no sólo en las letras, sino también en la música de este disco. El « sonido radiolina » es más fuerte que el de sus predecesores, como si las canciones se hubieran contagiado de esa preocupación y energía tensa que flota hoy en el aire. Así, suenan sirenas de fondo en los tracks, y la obsesión va -como el sonido- in crescendo.

« Así está el mundo hoy, obsesivo », explica Manu. « Y una de las peores cuestiones de este momento de la historia es que, con tanta convulsión y tanta alerta -porque pareciera que en cualquier momento va a explotar algo- nos olvidamos de nuestras propias burbujitas de jabón, o de sueños, de amor.

« Si lo pensamos un poco -sigue- en tecnología es donde hubo mucho progreso en los últimos dos mil años, pero a nivel humano el progreso se ha quedado muy atrás. Comparado con el avance tecnológico, el de las relaciones entre los hombres se ha quedado súper anticuado. Seguimos teniendo los mismos problemas de hace miles de años, de abuso de poder, de ego y todos esos rollos. Es que no sé por qué, pero esto nunca cambia: al que tiene un poco más de poder, le da por abusar de otros. Ahí, pues, los avances de la humanidad son muy lentos, arcaicos, diría. Lo peor es que seguimos relacionándonos como hace miles de años pero ahora tenemos unas maquinarias de avanzada, que se convierten en súper peligrosas cuando son operadas por los hombres. Lo que tenemos que hacer, sin más pérdida de tiempo, es elevar el debate un poco, y llegar así a algo superior entre nosotros. No digo que no hemos hecho nada; hace tiempo que mucha gente lucha ya. Lo que hay que preguntarse es si la manera en la que se ha luchado todos estos años ha sido positiva. Hay que ver qué funciona, qué no, qué hay que cambiar, y seguir para adelante ».

Entre cada gran tema de su apasionante conversación, el artista se permite algunas digresiones, metáforas, idas y vueltas que son, finalmente, disparadores de más tópicos para el diálogo, que a esta altura del encantamiento resulta difícil de terminar. « El Manu », como le llaman en su barrio de Barcelona, cuenta que está fascinado con la rumbita de « El Pegatina’, su vecino y compañero de bares en la ciudad catalana, y habla también de Gogol Bordello, Culture Shock y otras bandas de Europa del Este que hoy captan su atención.

Mientras tanto, la mañana sigue, el amodorramiento ya fue vencido por la clara lucidez, y Manu, por suerte, sigue teniendo fe en la gente, los amigos y en la música « que está ahí siempre ».