12/03/07

Los hijos de Don Quijote

Ramón Chao

A los que duermen bajo los puentes, en las calles, o en los muelles del Sena, en Francia les llaman SDF (Sin Domicilio Fijo). Nunca vi semejante hipocresía, lenguaje más políticamente correcto – como decir invidentes por ciegos o malhablantes por tartamudos. Esta gente es, secillamente, SD (Sin domicilio) : SDF somos los que tenemos dos o tres residencias, una en Paris, otra en Mallorca y la tercera en Bastavales. Ahora se habla mucho en Francia de los Sin Domicilio (Fijo), aunque existen desde hace décadas. Cuado llegué aquí se conocían por clochards, e igual dormían al calor de las bocas del metro cuando no morían de frío en algúna calle o garaje.

Se han hecho famosos los Hijos de don Quijote, en particular su fundador, Agustin Legrand, muchacho generoso, noblote y un tanto ingenuo. Ya saben ustedes la que armó, poniéndose en huelga del hambre y albergando a los SD(F) en trescientas tiendas donadas por Trigano, un avispado fabricante de objetos de camping. En plena campaña electoral, el resultado fue que todos los candidatos ofrecieron diferentes soluciones, y de hecho el gobierno resolvió algunos casos que salieron ostensiblemente por Televisión.

Se fue el bueno de Agustín dos semanas a rodar una película en Africa del sur, y cuando volvió encontró la situación peor que como la dejara. Protestaban los comerciantes y las madres de familia. El decidió desplazar a los SD(F) cien metros más arriba, donde serían invisibles. En lugar de estar agradecidos, los desdichados se negaron a evacuar sus reales. El gobierno les ofrece ahora un fuerte militar, lejos de la capital, y no le aceptan. Dicen que no quieren estar vigilados por caporales.

A mí, esto de los Hijos de don Quijote, me recuerda el pasaje de Juan Haldudo en la famosa novela de Cervantes. Uno de los primeros lances es el del niño Andresillo y un rico labrador. ( l, IV). Tras ser armado caballero, don Quijote vuelve a sus lares y oye a un muchacho que solloza compungido. Su amo lo estaba azotando porque le perdía las ovejas del ganado : No lo haré otra vez, señor mío; por la pasión de Dios que no lo haré otra vez.

Viendo don Quijote lo que pasaba, con voz airada dijo: -Descortés caballero, mal parece tomaros con quien defender no se puede; subid sobre vuestro caballo y tomad vuestra lanza [...] que yo os haré conocer ser de cobardes lo que estáis haciendo.

El labrador bajó la cabeza y, sin responder palabra, desató a su criado. En cuanto se fue don Quijote,  » asiéndole del brazo le tornó a atar a la encina, donde le dio tantos azotes, que le dejó por muerto.