12/03/09

Manu Chao cerró su gira en Argentina

El escepticismo no es bandera

REPERCUSIONES DE LOS DICHOS DE MANU CHAO EN EL NO

Por Mariano Blejman

Imagen: Antonio Garcia Garreta

Manu Chao venía de pasar una tarde tranquila -dentro de su habitual tormenta- en la quinta de Los Piojos en El Palomar. Llegó al hotel del Abasto, saludó con afecto a los presentes, y poco antes de sentarse a conversar con este suplemento, se prendió un cigarrillo mientras observaba cómo se iba la tarde porteña. « Quiero mirar un rato para afuera », le dijo al NO. Alfredo Olivera, mentor de Radio La Colifata, lo esperaba notebook en mano para organizar la presencia de los internos del Borda en los shows de Radio Bemba. Acababa de hacer dos shows en Córdoba y Rosario, y todavía no había plantado su triplete, primero en el Ciudad (28 mil personas), y los dos en el Luna Park (9 mil cada uno). Se sentó en un sillón del lobby del hotel, y usó el grabador como excusa para conversar. En eso salió el tema de Obama: « ¿Hasta qué punto Obama no es una gran operación de marketing? », se preguntó, aunque un ratito antes había dicho que verlo asumir le pareció « simbólicamente bonito ». Por algún motivo (o porque el trovador todavía no se había expresado sobre el presidente de Estados Unidos, o porque dio en el nervio de un pensamiento popular) sus dichos publicados en el NO explotaron por el mundo: las agencias internacionales levantaron la noticia, y los diarios, medios digitales y blogs del mundo publicaron extractos de la entrevista. El escepticismo de Manu Chao sobre el proceso electoral norteamericano fue publicado en medio centenar de publicaciones, entre las que se pueden mencionar La Gaceta, 20 Minutos, La Opinión de Málaga, La Opinión de Tenerife y Adn de España; El Informador, El Universo y Terra de México; El colombiano.com de Colombia, Publimetro de Chile, El Universal de Venezuela, además de innumerables sitios de Internet, blogs y foros digitales. Entre ellos, el espacio del Facebook del NO dio lugar a un cínico comentario sobre el cinismo propio de Chao: « ¿Hasta qué punto Manu Chao no es una operación de marketing? (Obama) », decía el post, pero pronto llegaría una abrumadora defensa del hombrecito. Es que el posteo es, muchas veces, amigo de la intolerancia y la violencia virtual.

Despedida en varios capítulos

Llegó para el cierre del Cosquín Rock y se quedó tocando aquí y allá: el sprint de este maratón fue en el Luna Park con un show de grandes éxitos y mucho pogo. Seguramente, continuará…

Por: Mariana Coccaro

Especial para el Suplemento Sí! //

Música, nada más. Sin parafernalia de show internacional, Manu Chao demostró con su Tombolatour que se puede hacer vibrar multitudes, sólo a base de instrumentos y encima, con precios accesibles. Detrás de él, las banderas de las causas que apoya: « No a la mina », la del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y otra del Movimiento Indigenista, hicieron de única puesta en escena en el Luna.

Cada vez más local, se dio el gusto de hacer cinco shows « sold out » en la Argentina. Sólo en Buenos Aires se calcula que 50.000 personas sucumbieron al manucolifatismo, término que acuñó un integrante de la radio La Colifata (conducida y operada por internos del Borda) al presentar a Manu en cada recital.

Con siete de los músicos de Radio Bemba, se mostró implacable con sus fans: en casi tres horas de concierto no los dejó descansar el cuerpo ni por un minuto. La potencia que Chao y su soundsystem saben entregar en vivo se trasladó de tema en tema a base de reggae, ska, punk e incluso flamenco de la mano del guitarrista « magic » Madjid, ganador de ovaciones. Así pasó, repasó y volvió a pasar por su último disco La Radiolina, por Clandestino y Costa Esperanza.

El último show en Buenos Aires olió a bis durante toda la noche. A pesar de los acoples y las saturaciones, el público dispuesto, amistoso y hasta cosmopolita no dejó de acompañarlo para armar pogo en los pasajes más ¿aeróbicos? como en Rumba de Barcelona, Welcome to Tijuana e incluso Clandestino. También hubo lugar para la emoción con temas como Tristeza maleza, Me llaman calle y Si me das a elegir, además de las intervenciones de los colifatos que le dieron cierta unidad al show entrando y saliendo del escenario.

A la hora de los bises, los nostálgicos tuvieron recompensa con el « momento Mano Negra » con Mala vida o Sr. Matanza. Justamente, cuando el percusionista Garbancito (ex M.N.) puso su voz en Sidi H’bibi causó euforia entre los presentes. Manu dejó para el final el muy esperado tema dedicado a Maradona, La vida es una tómbola.

« Se fuerza la máquina », repetía mientras emulaba con el micrófono los latidos de su corazón. Y así, la gente abajo forzó un poco la máquina también para seguirle el tren al Manu hasta el cierre cuando sonó Por el suelo y el instrumental Pinocchio, que se escuchó una y otra vez, amenazando con seguir sonando por el resto de la madrugada.

Manu Chao cerró su gira en la Argentina

Hay hombres que lucen felices arriba de un escenario. Uno de ellos es Manu Chao. El jueves en el Club Ciudad y el sábado y el domingo en el Luna Park, el líder de Radio Bemba brindó tres estupendos shows de casi tres horas cada uno, en los que recorrió los clásicos de toda su carrera.

La excusa era la presentación oficial de su disco más reciente -La radiolina- en el marco del Tombolatour, pero no faltaron las canciones de Clandestino, Próxima estación: Esperanza y algunas de Mano Negra, la súper banda que hizo célebre al chapulín nacido en París.

Lo que tuvieron un protagonismo estelar fueron los integrantes de La Colifata -la radio de los internos del Hospital Borda- que participaron en varios segmentos de los recitales.

Con entradas agotadas -se calcula que hubo alrededor de 50 mil personas en total- Manu Chao cerró su gira, la que lo tuvo recorriendo infinidad de países.

Como cuando apareció por primera vez en la Argentina con Mano Negra, como cuando colmó el estadio Obras ya como solista y como cuando copó la cancha de All Boys, Manu Chao conquistó otra vez al público argentino, que lo adoptó definitivamente.

Mano chao en vivo. Foto: Sebastián klein.