4/03/09

Manu Chao y su arrollador paso por Mendoza

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Nacho Gaffuri / MDZ

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El músico franco-español brindó este domingo un recital magnífico de más de dos horas y media junto a Radio Bemba en el Estadio Andes Talleres. Un show tan poderoso como intenso que quedará en la memoria de 7 mil personas que estuvieron presentes. Mirá la galería de imágenes.

Los minutos parecen agitarse en los relojes con la misma ansiedad con la que 7 mil personas esperan su llegada en el Estadio Andes Talleres. Las 21.00: Eduardo, de La Colifata, recibe los primeros chiflidos emocionados de la expectante multitud.

Manu dice que en 20 minutos sale, lanza desde el micrófono central y la masa responde con furiosos aplausos. Seis minutos más tarde de lo anunciado (21.26), promesa cumplida, Manu Chao entra al escenario y se queda por más de dos horas y media para dar vida a un show furioso, intenso, arrollador.

¡Suena Mendoza!, avisa enérgico; e imparable, junto a una extraordinaria Radio Bemba, el músico franco-español emprende un apasionado periplo clandestino que recorre, principalmente, sus tres últimos discos: « Clandestino », « Próxima Estación: Esperanza » y « La Radiolina ». La multitud, agradecida, agita brazos, salta, corea, y retiene en las pupilas rojas de de sus celulares y máquinas de fotos, cada una de las estaciones de arribo.

Con esa admirable y contagiosa energía con la que sostiene sus recitales, Manu -el incansable- suelta en el aire « El hoyo », e inmediatamente llegan « Peligro », una versión del clásico « Me gustas tú », y las explicaciones: Disculpas por la demora, había mucha gente afuera. Siguen, sin respiro, « Bienvenida a Tijuana » y « El viento », y la muchedumbre festeja -¡cómo no hacerlo!-.

Metros más adelante, el protagonismo recae sobre dos integrantes de Radio Bemba: Gambeat y Madjid Fahem -ambos, showmen indiscutibles-. El gigante francés lleno de tatuajes sorprende, pese a defectos en el sonido, con una sesión de beat box; y a su turno, el guitarrista sonríe, empuña la gastada guitarra de su padre y sin ahorrar virtuosismo sus hábiles dedos gitanos tejen « Clandestino », « Desaparecido » y « Minha galera ».

La aldea se tranquiliza al escuchar los versos en portugués (o minha mi niña/ minha querida/ minha Valeria), pero vuelve a alborotarse, entusiasmada, con « La rumba de Barcelona » (y su debida advertencia: ya llegó, ya llegó, lo peor de la rumba).

Con « La despedida » regresa la calma y « Luna y Sol », « La vacaloca » y « Tristeza maleza », marcan que el final aparentemente está cerca.

Manu Chao dedica el próximo tema: A todos aquellos que perdieron la ilusión: Próxima Estación: Esperanza. El estadio explota, una vez más, y las voces alardean: pase lo que pase/ sea lo que sea/ próxima estación: esperanza. La frase cobra fuerza en la garganta Manu Chao (pase lo que pase/ sea lo que sea/ a tú manera), este es su principal mensaje.

La arrolladora trouppe de músicos avisa: Radio Bemba se despide y entonces suenan « Machine Gun », una agitadísima versión de « Volver, volver » -un compromiso que sella el cantante con Mendoza y que dedicó al pueblo mexicano- y « El Dorado ».

La marea humana pide a gritos un bis. El ex Mano Negra, fiel devoto de su público, lo complace. Vuelve una, dos, tres, cuatro, cinco, ¡seis veces! y entrega su música tan feliz como desinteresadamente.

Los últimos tramos del viaje los encabeza Philip Teboul, el percusionista, quien moviliza a la platea con una canción gipsy. Después, los parlantes son atravesados por « Mala vida », « Si me das a elegir », « Mi vida », « La vida es una tómbola » y, otra vez, « El hoyo ». Pero antes, Manu Chao recuerda a sus amigos: Un saludo para el Bº La Gloria, dice antes de cantar el difundido corte que escribió para « El Diego ».

Con la misma fuerza que el primero llega el último tema: una canción en francés, dedicada a los políticos mentirosos. Las 7 mil bocas entonan repetidos uoioio, uoioio hasta que ya nadie queda sobre el escenario, se resisten a creer que el viaje terminó (pero sólo por ahora).