10/11/08

Ramón Chao – Muertes Oportunas

Muertes oportunas

En un libro titulado « Franco, Caudillo de España», Bartolomé Bennassar explica que la Guerra civil ilustra las circunstancias que jalonaron la vía del personaje: accidentes, asesinatos, ejecuciones se unieron para eliminar a sus posibles rivales. Si pensamos en las figuras cuyo carisma hubiera izado a candidatos a la dirección del Estado, allí estaba Calvo Sotelo, líder de la extrema derecha, asesinado en Madrid el 13 de julio de 1936. En cuanto José Antonio Primo de Rivera, había sido encarcelado el 14 de marzo de 1936 y permaneció en la prisión de Alicante hasta su ejecución, el 20 de noviembre de 1936. Sugiere el historiador francés que Franco no se esforzó por salvarlo. Incluso, añade, es posible que hubiera forzado un retraso en las gestiones que los condes de Mayalde y Romanones habían iniciado con Léon Blum para obtener su liberación. La tesis del inglés Paul Preston refuerza esta sospecha. Observa que la muerte de José Antonio ayudó a Franco a utilizar la Falange como instrumento político, lo que no hubiera podido hacer en vida del Fundador. Paul Preston analiza las relaciones de Franco con la Falange, que resumo: Antonio Garrigues, embajador ante la Santa Sede, le preguntó qué significaba este movimiento para él. Con una sonrisa enorme, Franco declaró: «Pues, vea usted, para mí es como la claque. ¿Usted no ha observado que cuando hay un grupo grande de gente hace falta que unos pocos rompan a aplaudir para que los demás se unan a ellos y les sigan? Pues más o menos es así como yo entiendo la finalidad del Movimiento.» En 1974, Franco dijo al doctor Vicente Gil: «Los falangistas, en definitiva, sois unos chulos de algarada.» El origen del desdén de Franco se remonta a 1930 y a los inicios de su relación con José Antonio. Fue una relación que el aparato propagandístico del dictador falsearía sistemáticamente. Después de su muerte, José An­tonio se convirtió en un mártir simbólico. El cumplimiento de sus pretendidos planes proporcionó una justificación para las actuaciones del Caudillo, cuyo régimen forjó cínica y ensordecedoramente el culto a su memoria. El montaje más elaborado fue el del mito de José Antonio como santo predecesor del Caudillo. Éste dio pábulo a las leyendas sobre el líder poético y romántico de una Falange revolucionaria para cubrir con una máscara populista el compromiso de su régimen con los intereses oligárquicos tradicionales. El Régimen lloró lágrimas de cocodrilo por la ausencia de José Antonio, mientras se beneficiaba en gran medida de que él ya no pudiese representar una presencia incómoda.

Tras la muerte del líder falangista, el régimen forjó la idea de Franco como su representante en la tierra, a pesar de que existía una considerable acritud entre ambos y que, desde el poder, Franco ignoraba sistemáticamente el pensamiento de Primo de Rivera.

Esto es nada. Desde el comienzo de la guerra, la suerte, o como se llame, eliminó a militares prestigiosos, empezando por el general Sanjurjo. Después de haber sido designado jefe de la insurrección, Sanjurjo perece el 20 julio en el despegue de su avioneta.

Otros dos generales de alto fuste se fueron al otro mundo: Joaquín Fanjul en Madrid y sobre todo Manuel Goded en Barcelona, debido al fracaso de la sublevación en ambas capitales. Arrestados, juzgados y condenados a muerte, ambos fueron fusilados los 19 et 20 de julio. Goded ninguneaba a Franco, y parece evidente que no se habría aceptado la maniobra que lo convirtió en generalísimo y jefe de Estado.

En menos de una semana despareció la mayoría de los posibles jefes de la rebelión. Solo quedaban Franco y Mola. Como por casualidad, el 3 de junio de 1937, cuando el sitio de Bilbao, el avión de Mola se estrella contra el montículo de la Brújula, cerca de Burgos. Franco recibe la noticia (en realidad desastrosa para ellos, pues se trataba del general del ejército del Norte y un excelente organizador) sin emoción aparente, con frialdad rayana con la indiferencia, ante la estupefacción de algunos testigos. Desde entonces, el general gallego carecía de émulos. Como decía Louis Pasteur, el azar sólo favorece a los espíritus preparados.

Bibliografía:

-Paul Preston. El gran manipulador. Ediciones B, S.A. , 2008.

-Bartolomé Bennassar , Franco. Editions Perrin, Paris.

– Antonio Garrigues y Diaz Cañabate, Diálogos conmigo mismo, Barcelona, Planeta, 1978, pp. 58-59.

– Vicente Gil, Cuarenta años junto a Franco, Barcelona, Pla­neta, 1981, p. 93.