10/05/09

tregua entre las pandillas salvadoreñas para frenar la violencia

miércoles 20 de mayo, 08:27 PM

San Salvador, 20 may (EFE).- El presidente electo de El Salvador, Mauricio Funes, debe propiciar desde el Gobierno que formará a partir del próximo 1 de junio una tregua entre las pandillas para frenar la violencia, propuso hoy el director de un documental sobre este problema, Christian Poveda.

Poveda, de nacionalidades española y francesa, dijo en una entrevista con Efe que es necesario impulsar esa tregua para establecer un proceso de negociaciones que logre « sentar a todos los protagonistas de esta guerra ».

« Si hay una voluntad de resolver el problema, (es necesario) establecer una tregua, establecer los caminos de comunicación para que esa tregua exista y a partir de allí se estudien las posibilidades realmente de llegar a una paz social en este país », dijo el director del documental « La Vida Loca ».

Consideró que las pandillas « están totalmente en guerra » entre ellas, pero también « contra la sociedad », al aludir al enfrentamiento a muerte que libran los integrantes de la Mara 18 y la Mara Salvatrucha (MS), las más grandes del país.

La Mara 18 y la MS también son acusadas por las autoridades del mayor porcentaje de crímenes que se registran en el país.

« Fueron rechazados desde que nacieron, entonces ellos rechazan totalmente nuestro sistema, no les importa la vida, nuestra vida, no les importa nuestro sistema económico », acotó Poveda, quien fue corresponsal en El Salvador durante la guerra civil (1980-1992).

« La Vida Loca » narra la vida de un grupo de pandilleros de la Mara 18 que reside en el barrio La Campanera del municipio de Soyapango, en el este de San Salvador.

Poveda explicó que « La Vida Loca » es « una película sobre la soledad absoluta », al señalar que narra el vivir diario y trata de rescatar el lado « humano » de los pandilleros.

Para el director, los pandilleros « están viviendo una vida totalmente loca, absurda y loca, difícil de entender », y mantienen una « guerra » contra la sociedad que los ha marginado.

El documental ha sido exhibido en festivales de Estados Unidos, México, España y Cuba, y recientemente se empezó a proyectar en universidades y museos de El Salvador de manera gratuita.

Durante sus 90 minutos, el filme muestra que lo cotidiano en la vida de estos jóvenes es la muerte, la cárcel y el constante arresto de parte de la Policía.

Poveda afirmó que ha conversado con Funes sobre su documental, aunque advirtió de que resolver el problema no es un asunto exclusivo del futuro Gobierno, sino « de todo un país ».

Dijo que personalmente busca hacer conciencia para que « realmente se abra un diálogo nacional » que « sea para que todos los salvadoreños ayuden a Funes a encontrar soluciones ».

« Yo estoy convencido de la buena voluntad política de los nuevos gobernantes que van a llegar, (pero) no es suficiente querer llevar políticas de prevención, querer llevar políticas de rehabilitación. Van a fracasar todas esas políticas si estos jóvenes siguen matándose en las calles », resumió Poveda.

Agregó que Funes, que asumirá el poder el próximo 1 de junio, « es el primer » gobernante que en su experiencia personal ha demostrado estar dispuesto « políticamente » a tratar de encontrar soluciones responsables a la situación de los pandilleros.

Sostuvo también que las autoridades actuales han usado a las pandillas como « una cortina de humo » para esconder el grave problema de narcotráfico y corrupción que existe en el país, aunque no negó la intensidad de la violencia que provocan y que se vive en su propio interior.

La vida loca, un documental impresionante

« El Salvador ¡impresionante! », reza el lema del Ministerio de Turismo de El Salvador, mientras una gama de coloridos paisajes se proyectan en su página Web. Pero detrás de estos paisajes se encuentra una cruda realidad, un fenómeno social que va creciendo como una bomba de tiempo, un problema que los salvadoreños conocemos perfectamente, en carne propia, o que simplemente intuimos que existe pero que tratamos de ignorar por negación, algo que se nos escapa de las manos y que no podemos controlar: la violencia.

Krisma Mancía

redacción@centroamerica21.com

Una historia verdadera no se cuenta con clichés, se cuenta con rabia, dolor y mucha sordidez. Se cuenta por un motivo, por un objetivo: mostrar abiertamente lo que tal vez mañana no pueda decir tal y como está sucediendo con la turbulentas vida de los integrantes de la mara dieciocho. De eso se trata el documental La vida loca, realizada por el franco-español Christian Poveda, y que ha sido proyectada en diversos festivales de cine en varios países. Justo era que por fin los salvadoreños en nuestra propia tierra tuviéramos la oportunidad de apreciarla en todos sus detalles.

El documental La vida loca tiene una duración aproximada de noventa minutos donde los personajes no son ficticios, y donde la muerte, la esperanza de una vida mejor gira en torno a una grupo de integrantes de la mara dieciocho que tratan de hacer prosperar dignamente y así poderse insertarse de algún modo a la sociedad por medio de una pequeña panadería en uno de los suburbios del Municipio de Soyapango.

Paradójicamente Poveda realizó la filmación del documental en dieciocho meses. Suficiente tiempo como para que captara imágenes impactantes de la vida hogareña e íntima de los pandilleros. Suficiente valor, agallas para ganarse la confianza de los jefes de mara dieciocho e introducir su cámara a una subcultura que tiene su propio lenguaje, sus ritos, su escala de valores morales, sus pensamientos de sobrevivencia, sus ideas de lo qué significa la amistad, la protección, la lealtad, la familia y cuales fueron los motivos individuales para involucrase en una clica. El resultado es un drama coherente, porque al final de todo las maras es sólo un de los resultado de la sociedad injusta en que vivimos. Una sociedad que los subestima como personas, que los humilla, que los miran como una carga, una escoria, que persiguen como si no fueran humanos sin dar soluciones a ese fenómeno. Sí, pedimos justicia, pedimos cárcel para los delincuentes que son los peces pequeños de la red, pedimos limpieza social, perdimos que se acabe de una vez todas las maras como si se tratara de un holocausto, pero nunca pedimos programas de rehabilitación dentro de los centros penales ni fuera de ella. Y en vez de ayudarlos a salir de ese agujero, los enterramos más profundamente en el odio y en la indiferencia. El resultado de esas peticiones son medidas policiales más violentas y con más métodos para someterlos, y violencia contra violencia no ayuda en nada.

« La mara 18 es amor », dijo el jefe pandillero a un grupo de amigos que se habían reunido para celebrar su cumpleaños número veinticinco. ¿Amor? Parece irónico, pero lo es. Amor a la madre a la que se respeta con todo el alma, aunque los haya abandonado por no poderlos alimentar. Amor a la compañera de vida y a sus hijos, aunque tenga que robar o matar para llevar algo de dinero a casa porque no conoce otra opción, no conoce otro oficio que robar y matar, y porque aun siendo marero también sabe que debe ser responsable como cualquier otro padre de familia. Amor a los compañeros, porque ellos darán la vida por alguien que sea de su bando. Amor a las drogas, porque es el modo de escaparse de la realidad. Amor y orgullo por llevar tatuajes que hablen por sí mismos de sus historias únicas e irrepetibles. Amor a Dios que se olvidó de ellos, pero sigan creyendo en él y siguen llevando una cruz, una Virgen de Guadalupe en alguna parte de sus cuerpos para acordarse de que se les ha concedido un día más de vida.

Alguien rompe en llanto cuando se escuchan las balas zumbar por los techos de las casas. Alguien gime en un hospital cuando sabe que ha sobrevivido después del creerse muerto. Alguien fue decapitado por una pandilla enemiga en una noche lluviosa. Alguien mira que los forenses han levantado un cuerpo que estaba tirado en la calle, que lo han metido en una bolsa de plástico, que lo tirado en la morgue sin ninguna consideración, y que luego fue amortajado con especial cariño por sus familiares y amigos para decirle adiós con una canción, con el respeto que se merece. Alguien quiere volver a ser útil a la sociedad, sentirse querido, valorado como persona, pero sabe que sólo es un sueño y que al despertarse seguirá teniendo el mismo presentimiento de que morirá tarde o temprano, que seguirá teniendo hambre, frío, soledad.

Nadie puede quedar impávido antes las escenas desgarradoras de esta película. En La vida loca nos damos cuenta que la guerra no terminó en los acuerdos de paz, que la justicia sigue siendo ineficaz y que las medidas tomadas para enfrentar el problema de las maras han sido inútiles, descontroladas y poco humanas. La cárcel y el ajusticiamiento no es la solución, porque el castigo, la persecución y la muerte devuelven la misma moneda a un precio alto.

Abramos los ojos, la mente y el corazón. Tengamos conciencia de que seguimos en guerra y que la lucha por un mejor país continua. Los salvadoreños no sólo somos fotografías de paisajes naturales para atraer el turismo, ni tampoco somos incapaces de transformar nuestro pensamiento de discriminación social hacia las minorías. Somos una gran familia que busca un verdadera dialogo entre los que generan violencia y los que tratan de servir, proteger, dar orden y justicia a la población. Porque sólo de ese modo se puedan encontrar soluciones inmediatas que ayuden a fortalecer nuestro país. De lo contrario seguiremos siendo el país más violento de América Latina.


« La Vida Loca es un documental sobre la soledad humana absoluta »

Marvin Aguilar, culturólogo salvadoreño, nos presenta la visión de este director de cine que se internó en las zonas más duras de El Salvador para producir una película que unos amarán, que otros odiarám… pero que a nadie dejará indiferente. La Vida Loca es una historia que se cuece con el fuego de la violencia en el caldero de las pandillas

07 DE MAYO DE 2009 11:35 | por Marvin Aguilar *

¿Cómo nace la vida loca?

Llegué por primera vez a El Salvador en 1979. Como fotógrafo y reportero, cubrí la actualidad de manera continua, desde la represión de final de los años 70 a la guerra civil que desgarró el país entre 1980 y 1992. En 1981, realicé un documental « Revolución o muerte ». Desde aquella época mis lazos con este país, donde cuento con numerosos contactos y amigos, son muy fuertes y forman parte de mi vida. A partir de 1990, dejé la fotografía de reportaje y me dediqué exclusivamente al documental. Sin embargo, en el 2004, conmovido por la situación dramática del país, decidí retomar mis cámaras y regresar. Entonces comencé para Paris Match, un reportaje sobre las Maras bajo la forma de una serie de 130 retratos de miembros de las dos bandas rivales. Con cada uno de ellos realicé una entrevista vídeo. De Oswaldo, con 19 años, que nunca ha conocido a su padre, orgulloso de haber ya cometido dos asesinatos y que es sospechado de haber encargado la muerte del director del penal donde se encuentra, pasando por Judith, de 22 años, abandonada por su madre y ella misma madre de un niño de 4 años, quien no puede disimular su placer de matar y de robar, un relato insoportable desfila en la pantalla. Una juventud, a la vez temida y detestable, pero curiosamente « cautivadora » que nos muestra la desintegración de la estructura familiar en la sociedad salvadoreña y la desesperación en la que ella ha crecido.


¿Por qué abordar un tema con las pandillas salvadoreñas, después que se han realizado documentales, por National Geographic, exposiciones de fotografía, con Isabel Muñoz, en España, el filme los hijos de la guerra, y existe en construcción la película, 14 abriles locos?

Empecé a trabajar sobre las pandillas salvadoreñas en junio del 2004, que yo sepa ninguno de los reportajes citados existía en esta época. Por otra parte, entiendo que el documental se encuentra íntimamente atado a la capacidad humana de entender, de transformar su entorno y de desafiar sus condiciones sociales, políticas y ambientales. Lamentablemente estas películas no desarrollan ningún nuevo enfoque sobre esta temática, solamente repiten una información controvertida y vehiculada, desde muchos años, por las instituciones oficiales. Además, una muy grande parte de las imágenes que se muestran, de forma bastante sensacionalistas, en estos documentales provienen hasta de los mismos archivos, al contrario « La Vida Loca » fue filmada exclusivamente por mi persona.

La Vida Loca es un documental sobre la soledad humana absoluta. Un cine sin caridad ni compasión, pero que acompaña y cuestiona. Para comprender el odio de esta juventud hacia la sociedad, hay que comprender primero los fundamentos. La Vida Loca, es la verdadera vida allá. Jóvenes que sufren, que nos desafían, nos miden, nos tienen rabia y no nos quieren. Con ellos, durante 90 minutos, se vive la experiencia de la ingratitud absoluta de este mundo en el cual ellos no reivindican finalmente más que un lugar.

El documental nos fuerza a acompañarlos hasta los últimos límites de la promiscuidad, indomables, determinados, explosivos, insoportables. Aquí no hay arreglo que valga.

Mis fotografías fueron presentadas en enero del 2005, más de un año antes de que Isabel Muñoz viniera a El Salvador, en la Guangzhou Photo Biennial, en China, bajo el título Las Maras. Once meses después se exhibieron en el Museo de Bellas Artes de México. En abril del 2007 denuncié el plagio de mi trabajo por esta fotógrafa.

En cuanto a « 14 abriles locos » de Noe Valladares, hasta ahora es solamente un proyecto en curso de financiación.


¿Es el tema de las pandillas salvadoreñas un tagline fabuloso?

¿Un Tagline fabuloso? Con toda evidencia, El Salvador, a través del fenómeno de las pandillas que arrasan el país, se ha convertido en el ejemplo de lo más trágico que los estados pueden tramar en nuestras relaciones Norte/Sur. Por lo tanto, es un problema para documentar y analizar seriamente de tal forma que se destaquen las causas y se encuentren soluciones adecuadas.

¿Qué piensas sobre lo que un político salvadoreño Joaquín Villalobos mencionó: « la mara salvatrucha es la marca global salvadoreña?

Lastimosamente Joaquín Villalobos se olvidó que el eco que encuentran estas pandillas y la fascinación que ellas ejercen no se asienta más que sobre la desesperación visible de países sometidos a una globalización a ultranza. Aquí se trata una vez más de la supremacía de los USA sobre Centroamérica, una aplastante dominación, a semejanza de la que ejerce Occidente sobre el resto del mundo.

Esta historia hubiera continuado escribiéndose sólo en las entidades del sur de Estados Unidos si no se hubiera aprobado la política de inmigración de Washington. En 1996, el gobierno estadounidense adoptó la Illegal Immigration Reform y la Immigrant Responsability Act, legislaciones terribles que promovían la « doble condena », que permitió a las autoridades expulsar de manera expedita hacia América Central a más de 100 mil miembros de pandillas detenidos en el país del norte. Rápidamente, ese flujo de delincuencia gangrenó el orden, la paz social y la economía de Panamá, Honduras, El Salvador, Guatemala, Costa-Rica y Nicaragua. Países en los cuales no había antecedentes de una cultura pandilleril, hasta que aconteció el regreso luego de la guerra y, sobre todo, tras la deportación. Esta deliberada exportación de pandillas ha hundido a Centroamérica en la violencia y, a corto plazo, tuvo como consecuencia la aplicación de políticas de mano dura en estos países.

Desde 1997, cada semana, un avión de la oficina estadounidense de Inmigración y Aduanas (ICE por sus siglas en inglés) procedente de Texas o de California, trae a San Salvador a un centenar de « deportados » encadenados a sus asientos. Inmigrantes sin documentos en su mayoría, detenidos tras un simple control, o mareros (entre 2% y 5%) condenados en Estados Unidos y repatriados una vez cumplida la pena. Sin embargo, estas expulsiones masivas no alcanzan a explicar la amplitud posterior del fenómeno.


* El autor es culturólogo salvadoreño y colaborador de DIARIO LA PÁGINA

Christian Poveda: Hay que hacer un acuerdo de paz con los pandilleros (II)

En esta segunda entrega, el culturólogo Marvin Aguilar hurga en las experiencias del cineasta francés para llevarnos imágenes que van más allá de las grabadas con la cámara: las humanas, las que quedan impregnadas para siempre en la conciencia del artista que ha convivido en el bajo mundo salvadoreño con personajes que a nadie dejan indiferente

09 DE MAYO DE 2009 18:48 | por Marvin Aguilar *

¿Podrías darnos tu visión personal sobre esa ética de la violencia que practican las pandillas nuestras?

Un marcado machismo impregna a la sociedad salvadoreña. La educación familiar reproduce sus vicios, de los cuales muchos hombres están tan orgullosos que los inculcan a sus hijos, como si fuesen « valores ». Un conjunto de « valores » que deriva en violencia física o simbólica hacia las mujeres, promoviendo prácticas perversas, impregnadas en la « masculinidad tradicional ». Estas prácticas están marcadas por contactos físicos y verbales cargados de agresión, que muchas veces derivan en homicidio, la principal causa de muerte entre los varones. De esta forma, el rígido « porte arriero » salvadoreño, llevó a las pandillas a emular a la sociedad, magnificando de manera desproporcionada « valores » inculcados en su infancia. Lamentablemente, la prensa sensacionalista presentó dichas prácticas como parte de una ética de la muerte, ya que las pandillas son las mejores aprendices de estas insanas costumbres.

¿Cómo lograste que no te afectara emocionalmente después de pasar más de un año inmerso en la campanera?

Durante los 16 meses de filmación hubo 8 muertos en La Campanera, entre ellos, cinco eran protagonistas de La Vida Loca. La muerte de un joven no es nada fácil aun mas cuando compartes su vida a diario pero desde un principio sabía que iba a ser un problema con el cual tendría que lidiar.

¿Terminaste aun con las incomprensiones que pueden acarrearte tomando partido por algunos de los protagonistas de tu filme? Quiero decir pandillas- órgano judicial- PNC-Gobierno- población-medios.

Las políticas represivas comandadas y controladas por la FBI han sido hasta ahora un fracaso total. Únicamente durante la presidencia de Antonio Saca, los homicidios se duplicaron. Para los distintos gobiernos salvadoreños hasta 2008, lo peor fue sentirse humillados. La represión que desencadenaron respondió a este sentimiento. Pero si bien es cierto que los planes Mano Dura y Súper Mano Dura, de los presidentes Flores y Saca, respectivamente, respondieron a una agresión, también es cierto que no contemplaron los aspectos socioeconómicos del problema. Constituyeron, en última instancia, una respuesta « machista » que no propuso nada en contrapartida. La réplica consecuente de una generación perdida y acorralada, fue la negación de la sociedad y la vida por medio de la revuelta y la muerte…

¿Cómo entiendes la parte humana de un pandillero, que esta dispuesto a golpear, robar, asesinar y que no te afecte al momento de conceptualizarlo sopesándolo más como un joven con un triste pasado? ¿es tan simple como eso?

Abandonados, los adolescentes encuentran en aquellas pandillas un lugar en el mundo, un sentimiento de seguridad, una comunidad que no hallan en ningún otro lugar. En contraste con la miseria y la inseguridad reinantes, los mareros no piden ni piedad, ni caridad, ni asistencia alguna. Sólo exigen su derecho a vivir dignamente para simplemente existir, amparados por los derechos constitucionales. Al contrario de los guerrilleros de los años 70 y 80 del siglo pasado, estos jóvenes rechazan toda ideología y expresan su rebeldía en una violencia al límite de lo tolerable para cualquier conciencia social.

De acuerdo que la mano dura contra los jóvenes redundara en más y sofisticada violencia, ¿Qué hacer mientras se preparan los profesionales y los medios para la prevención y la readaptación?

Si existe entre los gobernantes de El Salvador una real voluntad de encontrar soluciones, tendrán que entender que no hay otra vía que establecer un canal de comunicación con los protagonistas de este conflicto social, con la determinación de alcanzar acuerdos de paz y abrir un camino hacia una conciliación social, con el fin de erradicar la violencia.

¿Qué opinión crees que deben jugar ong’s como Homies Unidos?

¿Quien mejor que un ex pandillero conoce las articulaciones de las pandillas? De mi punto de vista, ONG’s como Homies Unidos podrían ser unos mediadores importantes en la resolución de este problema.

¿Quién puede construir un código de ética entre los pandilleros? Hablamos cuando menos de evitar los llamados daños colaterales en la sociedad.

Supongo que políticos que tengan realmente el deseo de encontrar una solución a este grave problema que arazá toda la región.

¿Cómo hacer para que se auto generen fuentes de trabajo?

Siendo hoy en día tierra predilecta del libre comercio y de la globalización, El Salvador es una especie de erial recuperado por las empresas de subcontrata: las maquilas. Retranqueadas en las zonas « francas », donde no existe el derecho sindical, estas empresas trabajan por cuenta de grandes sociedades americanas y emplean principalmente a mujeres muy jóvenes. Ellas son una mano de obra muy barata, maleable a más no poder y fácilmente sustituibles, pagadas a siete dólares el día de los cuales gastan 2 en transporte y 1 en comida. Más de un tercio de los empleos son informales, solamente un cuarto de la población se beneficia de la seguridad social, la pobreza toca a casi todos los estratos de la sociedad. Factores que suscitan un sentimiento de impotencia generalizada, sobretodo entre los jóvenes.

Con toda certeza, una decente inversión de las ganancias en mejores políticas sociales empresariales aumentaría el poder de compra de los salvadoreños, generaría nuevas fuentes de trabajo y tendría, al mismo tiempo y por consecuencia, repercusiones positivas sobre la inflación.

La unión estratégica imposible hasta hoy: comunidad-policía-pandillas ¿Cómo lograr que trabajen por erradicar la violencia y delincuencia?

Es evidente que en una región donde prevalece el machismo, no será tan factible establecer una paz sólida mediante un acuerdo y no por medio de la victoria de una de las partes, por muy aplastante que ésta sea. La experiencia del presidente hondureño Manuel Mel Zelaya, luego de asumir el poder, en 2006, habla por sí sola. Durante su campaña electoral había prometido enfrentar la delincuencia de manera integral, con la represión, pero también con políticas de integración social. Su gobierno fue incapaz de poner en práctica la segunda parte del programa… y Honduras cuenta hoy con más mareros que cualquier otro país de América Central.

¿A quien si es que hay alguien a quien le convenga. Le conviene esta violencia en el país?

El Salvador, con Centroamérica y México, son el corredor por el cual pasa al menos 90% de la cocaína que va a Estados Unidos, cuyo gobierno calcula que anualmente entran a su país entre 250 y 300 toneladas métricas de ese alcaloide.

Los grupos de delincuencia organizada centroamericanos, en colaboración con los Carteles colombianos y mexicanos, cosechan enormes beneficios. La ola de delincuencia se está acelerando gracias a un lucrativo comercio de drogas.

Por lo tanto, eventos como el asesinato, en Guatemala, de tres diputados de ARENA ante el Parlamento Centroamericano (PARLACEN) por policías contratados como sicarios por un el crimen organizado así como la relación entre Adolfo « El Chele » Torres, director del partido Arena en el departamento de San Salvador con el diputado Roberto Silva acusado de cohecho y lavado de dinero del narcotráfico por más de 10 millones de dólares, no dejan de ser muy preocupantes y merecen una investigación muy concienzuda.