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Radio La Colifata LT22

Radio La Colifata LT22

lunes 11 de agosto de 2008

Radio La Colifata > escribiendo en plata

Radio La Colifata cumplió el sábado pasado 17 años. ¿Que qué es eso? Es un programa de radio hecho por enfermos mentales del Hospital Psiquiátrico José Borda de Buenos Aires. Este hospital es una auténtica miseria y carece de medios, sobre todo ahora que la mano de la especulación inmobiliaria lo ha alcanzado y las autoridades de la ciudad de Buenos Aires lo dejan pudrirse para así tener una buena excusa para tirarlo abajo. Es un lugar anacrónico el Borda, un manicomio de los sesenta que no ha sido reformado desde hace décadas, con su « centro penitenciario », su habitación de « residuos patológicos », su basura tirada por el suelo, ventanas devencijadas, pasillos sucios y oscuros por los que deambulan lunáticos y esquizofrénicos… Un lugar digno de película de miedo vaya.

En él viven más de mil internos con diferentes problemas mentales, la mayoría arastrados a la locura por las drogas y la pobreza. Pero todos los sábado durante unas cuatro horas dejan ser pobres miserables abandonados en un hospital también abandonado para convertirse en Colifatos. No se visten de gala ni se ponen guapos, ni siquiera salen de ese hospital para ir a la radio. En el jardín se monta un mesa de mezclas y con unas cuantas sillas que rodean un par de micros los colifatos hacen lo que les venga en gana. Cantan, reivindican sus posturas políticas, cuentan anécdotas, leen poemas, bailan… Allí cada uno es libre de decir lo que quiera y de hecho muchos de ellos decían más sensateces que muchos políticos de hoy en día. No son los típicos locos que uno se imagina que no saben lo que dicen, ni mucho menos, me sorprendió su tranquilidad, su mesura, dus discursos, su simpatía, y, sobre todo, su felicidad. No era la típica felicidad de ignorante porque saben muy bien que no están en las mejores condiciones (por eso te piden dinero, tabaco, comida…) sino la felicidad de quien a pesar de la desgracia es capaz de encontrar una vía de escape por la que reír. La Colifata les da eso, entre otras cosas, les da un entretenimiento, un orgullo, un objetivo, y sobre todo una ventana abierta al mundo; para que puedan relacionarse con todos nostros, los locos que estamos al otro lado de los muros del Borda.

Y no son cualquiera los colifatos… Todos conocen de sobra a Manu Chao, uno de sus padrinos, que ha grabado allí un disco y, además de ser uno de los mayores apoyos financieros de la radio se pasa cada vez que puede; muchos han sido protagonistas de los anuncios de Aquarius y encima han grabado con Coppola y Maribel Verdú, « esa española tan guapa » como decían… Están más que acostumbrados a que la gente vaya a verles (se puede asistir al programa todos los sábados), a los periodistas y a las cámaras -a pesar de que más de una y de dos veces yo tuviera que interrumpir las entrevistas porque alguno de ellos se acercaba al trípode de Efe y se ponía, por su cuenta, a encuadrar el plano o hacer zoom sobre el arbolito…-.

Alfredo Olivera fue el primero que quiso dar voz a los internos (« éste está más loco que nosotros », dicen de él los colifatos) y el sábado nos contaba que la Colifata « no siempre es interesante », que por momentos es « puramente caótica, por momentos es muy triste, por momentos puede llegar a ser angustiante, por momentos puede llegar a ser… maravillosa ».

Dice Alfredo que empezó con la Colifata convencido de su potencial terapéutico y que con ella ha conseguido « crear un espacio de dignidad para un colectivo de personas que sistemáticamente ha sido acallado ». Y, efectivamente, los colifatos no se callan. Muy cuerdamente uno de ellos pedía el otro día un momento para recordar a todas las personas que morían el pasado viernes bajo los escombros de la escueta guerra de Osetia del Sur « mientras el resto del mundo miraba hipnotizado la inauguración de los Juegos Olímpicos en un país que vive una dictadura permitida por Occidente porque tienen potencial económico ». Y es verdad.







Si tuviera que elegir a uno sólo de ellos me quedo con « el Polaquito », un cahaval de 21 años, el chico más tierno y dulce que he visto nunca, que está internado, según él, porque se le fue la mano con la bebida y las drogas. Agradece al hospital que le haya ayudado a recuperar la relación con su familia (su padre también está interno) pero está deseando que le den el alta porque ya se siente preparado para salir, aunque el psiquiatra le dice que aún le queda un poco, pero el polaquito no parecía fiarse mucho de su criterio…

En fin, cuando sacaron la tarta de cumpleaños mi trabajo había terminado y pude disfrutar mejor de los Colifatos. Nunca me hubiera imaginado a mí misma en Argentina bailando el Aserejé-ja-dejé con unos loquitos en el patio de un psiquiátrico…





Las fotos son de Marcelo Ballardi,

el vídeo es cosecha propia.

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Siempre fui loco